Sunday, October 15, 2006

Los revolucionarios pasaron de moda

Los revolucionarios pasaron de moda.
No hay ya razón alguna para combatir los incesantes abusos del capitalismo mediante marchas y caminatas que nunca logran ejercer la presión debida, porque se infiltran no sólo subversivos o antisociales sino también banderas e ideologías políticas estropeándolo todo.
Para muestra un botón. La ofensiva estudiantil secundaria se debilitó en una primera instancia durante los comienzos del gobierno de Bachelet debido a la intolerable intromisión de los partidos políticos, quienes se sienten dueños de enseñar y conducir lineamientos sobre cómo se debe ejercer presión.
Como si los partidos fueran tan capaces de afianzar una efectiva oposición a las falencias de los gobiernos.
Alguien que en sus comentarios me diga por lo menos una sóla vez en la que una coalición política permitió reducir algún abuso emanado desde las autoridades.
Algún partido o parlamentario que haya iniciado revoluciones sin el interés de figurar ante las cámaras para potenciar su imagen de héroe.
Alguien seguramente resaltará la "heroica" acción de la Concertación durante el fin de la dictadura de Pinochet, que terminó con el triunfo del NO y la vuelta a la democracia.
¿De qué hablamos? Pinochet fue el único dictador que dejó el poder constitucionalmente. Nadie lo derrocó. Nadie logró despojarlo de sus poderes sino sólo su debilitamiento físico y mental posterior.
Aún así, los verdaderos revolucionarios todavía creen en mecanismos arcaicos para ejercer presión, que no traen otra consecuencia sino el descontento y desaprobación social, así como también caos en las calles y caos en las ideologías brillantes y nacientes, que mueren impunemente bajo la poderosa metralleta de las banderas políticas.
Un revolucionario engendra ideas de cambio, pero si se mueve dentro del escenario social como un mero soñador, tarde o temprano se verá abatido por las armas del sistema.
Alguien quizás me diga que vale la pena luchar porque aunque en una primera instancia no se consigan los objetivos trazados, al menos se iniciará un camino que puede alcanzar ALGÚN DÍA el propósito central.
No obstante hay muchos cambios que requieren soluciones urgentes y no es necesario acabar con monumentos o enfrentarse "divertidamente" con los carabineros como para acelerarlos.
¡Conciencia!, señores. Conciencia de la fuerza de nuestras voluntades y de nuestra inteligencia. Conciencia de la fuerza de nuestras organizaciones y de nuestros roles. De los roles que nos competen. Hay demandas por el cumplimiento de derechos humanos, pero no los hay por los deberes sociales.
Por ahí debemos comenzar para idear un nuevo, inteligente, moderno y al fin efectivo mecanismo de revolución.